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Akim Y. Nóvikov || 70%

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Akim Y. Nóvikov || 70%

Mensaje por Akim Y. Nóvikov el Miér Abr 25, 2012 3:05 pm



Akim Y. Nóvikov


Información Personal

Nombre completo: Akim Yerik
Nóvikov

Fecha de nacimiento: Siete de septiembre

Edad: Veinticuatro años

Nacionalidad: Ruso

Sexo: Hombre

Sexualidad: pansexual

Estado civil: viudo

Enfermedad: psicópata




Descripción Psicológica

Su nombre dice mucho de él: Akim, "Dios”; y Yerik "designado por Dios". Dios designado por Dios. Divino. Superior. Poderoso. Siempre se vio a sí mismo como un ser superior, alguien por encima de todos. Por eso los demás le aburrían, se le antojaban demasiado estúpidos. Despreciables. Ególatra, megalómano, narcisista. Y así podemos seguir hasta mañana diciendo lo increíble y maravilloso que se ve a sí mismo. No sabe si es por su enfermedad mental o si hubiera sido así igualmente, tampoco es que le importe, no lo ve algo malo, sino algo natural.




Descripción Física

El eterno hombre atractivo que te pone a cien sin saber el porqué. De piel pálida y cuerpo musculado, pero demasiado (tenía mejores cosas que hacer que “tunearse” el cuerpo en el gimnasio), ni alto, ni bajo. Una mandíbula fuerte, un hoyuelo en la barbilla, una nariz tal vez algo grande… lo único que es realmente hermoso por separado, son sus ojos frises, como hielo cristalizado, y tal vez sus labios gruesos y provocativos. Pero Akim es guapo en conjunto, porque si unes todas las piezas y le metes una de esas sonrisas que te dejan K.O. en un segundo, tienes a un hombre realmente sexy. No es solo su pelo castaño despeinado siempre con cuidado, su aura oscura de peligrosidad, su ropa de marca normalmente ceñida y elegante, su mirada de crueldad, su pasividad enfermiza… es algo que no logras entender, pero que te atrae como un canto de sirena.



Historia

Akim, hijo de una familia importante de Moscú. Importante y rica, claro está. Influyente, con contactos en todas partes y amigos más que bien posicionados. Hijo único, padres siempre ocupados. Nunca ha sabido que es al amor, ni lo sabrá. Se crío siendo un niño callado, frío y muy inteligente. Parecía un verdadero robot incluso de niño. Silencioso, observador, siniestro. Las niñeras le tenían a veces hasta miedo. Sus padres le enviaron con siete años a estudiar fuera, a Suiza, a uno de los mejores colegios del mundo. Todo chicos, todos hijos de gente importante, todos unos estirados que Akim aborrecía con todas sus fuerzas. Detestaba ese asquerosos sitio. Y a todos los que había allí dentro. Aun así, los tenía a todos en el bolsillo. Estuvo allí cinco años, con solo los veranos pasados en distintos campamentos. Era uno de los pocos que se quedaban en Navidad, solo. Pese a su encanto y labia, solía estar solo. Lo prefería. La semana de empezar su sexto año, hubo un incendio. Murieron al menos treinta niños y Akim tuvo lo que buscaba: que su padre lo sacara de allí. ¿Fue él el culpable? La policía dijo que fue un accidente, él sonrió divertido ante este apunte de la televisión. Accidente.

Sus padres le dejaron quedarse en Rusia e ir a otro buen colegio privado de la ciudad, pero podía dormir en casa y tenía las tardes libres. Solía leer prácticamente todo el rato, o estudiaba, o practicaba algún deporte individual. No le gustaba estar con los demás. Aun así, de nuevo tenía a toda su clase en el bolsillo. En su nuevo colegio también había chicas, y pocas eran las no enamoradas de aquel chico serio de ojos grises y palabras mágicas. No tenía rival y todos los que osaban insultarlo o retarlo acaban mal, muy mal. Nunca se pudo demostrar nada, pero muchos acabaron con una pierna rota, un ojo morado o al menos una buena cicatriz. Y llegó el momento de empezar el instituto. Los mayores no aguantaban que fuera con la cabeza bien alta, mirando a todos por encima del hombro. Era algo que iba contra las leyes del instituto: los pequeños debían de ser sumisos para que los mayores pudieran mandarles y atemorizarles. Una tarde quedaron a la salida para darle un escarmiento y le dieron una paliza. Akim se defendió con uñas y dientes dejándolos a ellos también bastante mal, pero le superaban en número. Akim no contraatacó a base de fuerza, sino de ingenio. Las mujeres hasta entonces no le habían parecido nada del otro mundo, pero, oh, las novias de esos tipos, esas empezaron a llamar su atención. Se las ligó a todas, a la vez, al mismo tiempo. Y en la fiesta de fin de curso, se desveló el pastel. Ellas quedaron como imbéciles y ellos como una panda de cornudos, desprestigiados, humillados. Y él como un Dios. Fue tan divertido.

El año siguiente conoció a un tío que llamó la atención, de nombre Fedor, “regalo de Dios”. Fue una especie de señal. También de su edad, a los 17 años, se hicieron algo parecido a amigos. Eran iguales y a la vez diferentes. Pensaban igual, odiaban las mismas cosas, disfrutaban de lo mismo… pero él era de los bajos fondos y Akim de lo más alto. Él fue quien lo metió en el mundo de las drogas y quien le demostró que era pansexual. Follamigos. Lo más cerca que ha estado nunca de ser “un tío normal”. De “querer” a alguien. Sus padres lo detestaban, pero a él le daba igual, y ellos no le prestaban la suficiente atención como para realmente darse cuenta de si iba con aquel chico o no. Ambos se metieron mucho en el mundo de la droga. Mientras que Fedor siempre se habia contenido bastante por la falta de recursos económicos, Akim se gastaba todas las semanas toda su paga (que tenía cuatro cifras) en droga. En droga para los dos. Siempre iban hasta el culo de mierda, puestos hasta arriba porque así se sentía libres y “felices”. Era lo único que los diferenciaba de ser unos robots sin sentimientos. Drogas. Sus estudios iban mal, perdió mucha popularidad, se convirtió en un tío aun más agresivo… iba de pelea en pelea, de porro en porro, de pastilla a pastilla, de raya a raya, y vuelta a empezar. Se estaba autodestruyendo a un ritmo imposible, y a Fedor con él. Una noche, Akim tomó demasiado, pues cada vez necesitaba más para experimentar lo mismo que antes. Casi muere de sobredosis y sus padres le metieron en una clínica de desintoxicación. Fueron los mese más largos de su vida, pero cuando salió de allí era un hombre nuevo: aun más encantador, más listo, más peligroso, más decidido. No supo nunca más nada de Fedor.

Acabó el instituto un año tarde, y se metió en empresariales. Se sacó la carrera con honores y empezó en una gran empresa, escalando puestos poco a poco, pero sin parar. Era todo un tiburón de los negocios, bueno con las personas, bueno con los números, con el marketing… con todo. Se casó con una hermosa mujer con solo veinte años, una modelo rusa realmente sexy. Se divorciaron en solo siete meses. No le tocó a ella ni un duro, era lo suficientemente listo como para conseguirlo. Se casó de nuevo un año más tarde, con una tenista también rusa, más guapa que la anterior. En cuanto se casaba, perdía la (poca) gracia la relación, pero esta vez, en vez de divorciarse, y aprovechando que ella se pasaba la vida viajando; lo que hizo fue buscarse amantes, muchas, de todas las edades; y también bastantes hombres. Cada noche un@, con pocas excepciones repetía. A veces eran clientes, socios, compañeros; otros simples ligues de una noche; y finalmente prostitutas y gigolós de lujo. Sexo normal, orgias, tríos… todo. Era de nuevo como una droga, cada vez necesitaba más para que aquello fuera realmente placentero. Y llegó el sado. Oh sí, eso le encantó, le piró, le maravilló. Obviamente, siendo él el que golpeaba, el que procuraba el dolor. Pero pasó algo que le jodió la hermosa diversión: su esposa. Le pilló, no en la cama, sino por las facturas. Lo supo, y no lo dejó correr. Se quería divorciar. Y si no se lo hubiera dicho a gritos, acusándolo de ser mil cosas, nada malo hubiese pasado. Pero esa zorra no tenía el menor derecho de llamarlo a él esas cosas. La mató. Le abrió la garganta con un abrecartas. Y Dios si le gustó.


Escondió el cuerpo, lo limpió todo perfecto. E ideó un plan maestro que además incluía su diversión, su placer. Empezó a matar a mujeres hermosas por toda la ciudad. Primero las secuestraba, las amordazaba, las drogaba, las torturaba un buen rato, y finalmente, las mataba. Le gustaba ver como lloraban, suplicaban, y finalmente se rendían a lo inevitable. Hasta que no se rendían, no las mataba. Porque en ese momento era cuando le decepcionaban. Les abría la garganta. Después las iba enterrando en lugares diferentes, todas ellas con la palabra “débil”. La palabra podía ser de un anuncio que estuviera al lado, un panfleto en el bolso, una chapa, un tatuaje… finalmente enterró también el cuerpo de su mujer, con una revista en la que ella salía catalogada como débil en su juego de tenis. Mató a treinta y cinco mujeres antes de que le pillaran. ¿Cómo fue? Todo por culpa de su mujer. Pese a que él la había conservado en hielo y después la había bañado en ácido para borrar toda huella… descubrieron que había sido la “víctima 0”. Entonces investigaron y se dieron cuenta de que Akim le había sido infiel con medio Moscú, que ella lo había descubierto y que le había plantado cara. Le siguieron, y le pillaron justo rebanándole el cuerpo a su última víctima. Fue un revuelto mediático increíble. Sus padres le desheredaron y repudiaron, su empresa quebró, ganó muchos fans perturbados… Pese haber sido abolida la pena de muerte en Rusia, el juez lo planteó varias veces… pero sus abogados eran muy buenos y le libraron de cárcel para meterlo en un centro psiquiátrico. Pero el juez fue más listo y en vez de meterle en uno ruso, del que podría huir fácilmente, lo llevó a uno alemán con mucha seguridad. Y allí está ahora, buscando una vía de escape y nuevas víctimas.


Expediente Médico


La primera vez que internaron a Akim fue con tan solo diecisiete años, culpa única de las drogas. La adicción había podido con él hasta consumirlo y solo ser una sombra oscura y dolorosa de lo que había sido. Estuvo pocos meses, pero vio la luz y salió de allí limpio, pero cambiado.

La siguiente vez que entró fue gracias a los mejores abogados de Rusia, que lograron cambiar la pena de muerte por el ingreso de por vida en un psiquiátrico. En su país habría estado en la calle en dos días, pero el juez más listo que ellos. ¿Cuál fue el diagnóstico? Psicópata. Y lo peor es que nadie se sorprendió. Además uno de los peores, de los violentos, de los sádicos. Muchos psicópatas viven su vida sin cometer actos ilegales, simplemente utilizando a los demás; pero Akim no es de esos. Perverso, despiadado, cruel. Un malo de película, un asesino en serie al que pillaron demasiado rápido. Un psicópata que cumple cada uno de los síntomas descritos por el psicólogo Robert Hare:
• Gran capacidad verbal y un encanto superficial.
• Autoestima exagerada.
• Constante necesidad de obtener estímulos y tendencia al aburrimiento.
• Tendencia a mentir de forma patológica.
• Comportamiento malicioso y manipulador.
• Falta de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
• Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
• Falta de empatía, crueldad e insensibilidad.
• Estilo de vida parasitario.
• Falta de control sobre la conducta.
• Vida sexual promiscua.
• Historial de problemas de conducta desde la niñez.
• Falta de metas realistas a largo plazo.
• Actitud impulsiva.
• Comportamiento irresponsable.
• Incapacidad patológica para aceptar responsabilidad sobre sus propios actos.
• Historial de muchos matrimonios de corta duración.
• Tendencia hacia la delincuencia juvenil.
• Revocación de la libertad condicional.
• Versatilidad para la acción criminal.
Un psicópata de libro.


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Akim Y. Nóvikov

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